domingo, 23 de julio de 2017

Estas son las caras de una posible transición en Venezuela



Publica "El Confidencial":


Pronosticar un escenario plausible en Venezuela es tan complicado como determinar cuánto durarán las manifestaciones, cuáles serán los próximos puntos en la agenda de la oposición, qué piensa el ejército o en cuántas facciones está dividido el chavismo desde que se anunció la Asamblea Nacional Constituyente. Pero dentro de todo lo posible, uno que se menciona es una transición. En ese juego, hay varios actores que podrían tomar parte e, incluso, querer para sí un papel protagónico.

Dentro del chavismo, el primero que podría sentarse a la mesa es el general Vladimir Padrino López. Como ministro de Defensa y militar en activo tiene mano en el estamento castrense. Parte del problema del país es la excesiva militarización. El verde olivo ha tomado casi todas las facetas de la vida económica, política y social, se cuestiona el papel del ejército en la Venezuela actual y además, pende como una espada de Damocles una posible insurrección. Para una transición habría que tomar en cuenta a este sector y a su cabeza principal.

Los hermanos Rodríguez, Jorge y Delcy, al parecer más moderados de lo que suelen lucir ante las cámaras, serían los responsables del casa por cárcel de Leopoldo López, y de las conversaciones previas que llevaron a ello junto con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. También se dice que son parte de los que no quieren seguir adelante con la Constituyente. Jorge, alcalde del municipio Libertador de Caracas, ha sido jefe de varias campañas, vocero importante con más o menos piso dentro de la base del chavismo y aún con buena reputación entre sus acólitos.

La fiscal general Luisa Ortega Díaz es, sin duda, una de las piezas clave de una posible transición. Detrás de ella, como si de la punta de un iceberg se tratara, hay un grupo afín al chavismo, pegado a lo que se llama “el legado de Chávez”, pero muy crítico con la gestión de Nicolás Maduro, así como con la Constituyente. Diputados, fiscales, exministros, militares. Toda una macolla de la que no se conoce tamaño, pero que tendría mucho que decir y pujar ante un cambio en el rumbo del país. Además, desde el pasado 31 de marzo, la fiscal tiene la simpatía de buena parte de la oposición. En los últimos actos en los que se le ha visto luce, habla, es aplaudida y besa ciudadanos como si estuviera en campaña.

Miguel Rodríguez Torres, exministro de Interior con Nicolás Maduro, compañero de Hugo Chávez en el golpe militar del 4 de febrero de 1992, es uno de los que estaría detrás –y no tan atrás– de la punta de iceberg de Ortega Díaz. Chavista, revolucionario, recientemente dijo que “si tengo que reunirme con el diablo lo haré porque hay que salir de esta crisis”. Es otro de los que critica la ANC de Maduro, pero también a la oposición. Aunque, eventualmente, tanto gris podría jugar a su favor y ser una cara, incluso, presidenciable. Su campaña en medios así parece indicarlo.
 
¿Y en la oposición?

En la oposición hay unas fichas que se mantienen. Por ejemplo, Leopoldo López. Si bien sigue preso, tanto su liberación como el papel a futuro serían esenciales en una transición. Y si no es López quien, literalmente, se sienta en la mesa a negociar, lo sería alguien prominente de su camarilla. ¿Lilian Tintori? Su esposa no. Porque, entre otras cosas, como se verá a lo largo de esta lista, las mujeres no tienen un papel predominante en la vida política del país –y no porque ellas no quieran–. Podría ser Freddy Guevara, vicepresidente de la Asamblea Nacional, miembro de Voluntad Popular y quien está encabezando en las últimas semanas la iniciativa en las protestas. Guevara forma parte además de lo que entre los círculos políticos opositores se está autodenominando como “grupo de 2007”. Jóvenes políticos que en ese año formaron parte de las protestas del movimiento estudiantil y que a día de hoy son diputados.
 
De esa camada podría entrar también el diputado Miguel Pizarro (Primero Justicia). Lo es por Petare, el barrio más grande de Venezuela. Formado en la izquierda, con buena reputación en ambos bandos, podría ser un buen interlocutor.

De las fichas que se mantendría una más sería el gobernador Henrique Capriles. Aunque la fuerza de liderazgo que tenía en 2013 se ha diluido algo en la amalgama de cabezas que tiene la oposición, sigue teniendo mucho que decir y su postura es bastante seguida. Es uno de los opositores con mayor valoración junto con López. No sentarlo a la mesa sería no sentar a una parte de los votantes no radicales de la oposición.

El también gobernador de Lara, Henry Falcón, exchavista, muy tibio en sus apariciones y en su postura en las protestas de los últimos meses, podría ser un interlocutor válido para el Gobierno. Puede que no así para la oposición. Pero es uno de los que, sin duda y justamente por esa media tinta y por no estar tan significado en estas protestas, luce como presidenciable.

Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, no es el que más carisma guarda dentro de la oposición, pero sí es uno de los que tiene gran peso, más claridad de qué podría hacerse –al menos en el marco teórico– en el Estado y no es radical. Incluso, podría ser el que tomara el “sacrificio” y lanzarse a presidente de un país en el que está todo por reconstruir.

El que más quisiera estar en esa mesa, el que seguramente no faltará, el que si tiene la oportunidad en la oposición se lanzará a presidente, es Henry Ramos Allup (Acción Democrática), expresidente de la Asamblea Nacional. Zorro viejo de la política, que demuestra que en esto “no hay muertos”, sino gente que aparece y desaparece. 
 
Aunque pudiera ser la cara más visible de “los males de la Cuarta República”, tampoco hay que olvidar que quien ahora es chavista posiblemente antes fue adeco (Acción Democrática) y, al final adeco que se precie vuelve para su casa. En la oposición se aplaude su discurso mordaz, sin pelos en la lengua. 
 
Por su edad, 73, le quedan pocos cartuchos por quemar y sería también buena ofrenda para un sacrificio por Venezuela y un gobierno de transición que haga todas las reformas incómodas que ninguno de los jóvenes –aún con mucha vida política por delante–, estaría dispuesto a hacer para no marcharse.
 
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