Si en España de verdad existiera el
periodismo, los grandes medios publicarían y emitirían este tipo de
información, al menos por contar todas las versiones y no solo la de una
parte (la parte que representa al poder económico). Pero no pueden
hacerlo porque aquí no hay periodismo excepto a nivel marginal, y porque
si lo hicieran, si lo publicaran, Cristina Cifuentes no podría
permitirse decorar la fachada de la sede del Gobierno de Madrid con el
retrato de alguien a quien la justicia de un país soberano acusa de
promover hechos que causaron decenas de muertes.
Pero tampoco el
presidente del Gobierno recibiría a Lilian Tintori, su esposa. Ni se
haría una sesión de fotos con ella para darle toda la difusión posible a
la reunión. Seguro que tampoco Felipe González se dedicaría a airear la
defensa del preso si todo el mundo supiera que más allá de los hechos
imputados su defendido es un conocido ultraderechista.
Ni hoy Venezuela
ocuparía tantas horas de informativos, cuando por proximidad geográfica y
de intereses comunes, parece que lo lógico sería dedicar una parte de
ese tiempo a Marruecos, a Portugal, Francia, Italia, Argelia… y no el
monopolizarlo con un país del que nos separa un océano, y del que por
cultura no estamos más cercanos ni lejanos que de otros tantos países de
Latinoamérica de los que, por desgracia, casi nunca oímos hablar.
Aquí, si queremos conocer la otra parte
de cualquier información que ponga en duda el relato que interesa
difundir al poder, no nos queda más remedio que buscar por nuestra
cuenta. Y no todo el mundo tiene el tiempo ni el interés suficiente para
hacerlo. Y así es como se fabrica opinión pública. Una opinión pública
que no será responsabilidad de nadie pero que nos afecta a todos.
Os ponemos el enlace a la noticia:
Os ponemos el video:

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