domingo, 26 de junio de 2016

"En Venezuela no interesa lo que ocurre en la política española"

 
Publica "El Diario.es":
 
"De repente me lanzo y gano las elecciones en España", dijo con sorna Nicolás Maduro ante su permanente aparición en la sección política de nuestro país. Pero las prioridades de los venezolanos están lejos de acercarse siquiera a nuestro lado del Atlántico. En las calles de Caracas no interesa que un tal Albert Rivera no se pueda reunir con Leopoldo Gómez ni que los periódicos españoles hagan la radiografía a su presidenta del Tribunal Supremo por los presuntos vínculos con Podemos. Sus problemas son otros y, desde hace unos años, sus protagonistas han escogido el cine como catalizador tras perder la fe en la prensa, propia y ajena. 

Desde Allá, la nueva aportación de realidad venezolana a nuestras salas, se estrena con el aval del León de Oro del festival de Venecia. Aunque la cinta esgrime asuntos muy íntimos como la sexualidad oculta, la lucha de clases o la prostitución por supervivencia, sus intenciones eran puramente artísticas. Su director Lorenzo Silva contesta con una sonrisa amable a las preguntas más comprometidas, pero ha aprendido a domesticar su mensaje político en un país que es un campo de minas para Venezuela.  

"Lo primero que quería hacer era una historia interesante para el espectador, y si la película genera una reacción es por su honestidad", contesta acodado en la cafetería Ocho y Medio de Madrid. Pero Silva no puede evitar pertenecer a una generación de cineastas latinoamericanos que han mamado el reflejo social de sus filmotecas. Termina admitiendo que el mensaje más veraz es el que nace del subconsciente, no de la intención. 

Los dos personajes principales se yerguen así como una metáfora de la dependencia parásita entre los estratos venezolanos. Armando es un empresario adinerado que contrata a chicos de la calle para masturbarse de forma discreta mientras les mira. Elder es el pandillero que se convertirá en el muso más díscolo y -al principio- aprovechado que ha metido en su casa. Ambos estarán condenados a no entenderse, aunque sus sentimientos evolucionen mucho más allá de la intimidad de la alcoba. 

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