Publica "Globedia.com":
Recorren los pasillos de un galpón en Miami para llevarse un
colchón, una silla o un juego de platos donados. Son parte de la nueva
oleada de inmigrantes venezolanos: antes eran de clase media, ahora no
tienen dónde vivir.
Abren un depósito atiborrado de muebles. “Qué
lástima que no hay uno matrimonial”, comenta Olimar Ramírez, arrastrando
un colchón individual para sus hijos.
Olimar es una ingeniera civil de 40 años que llegó a fines de abril a Miami con su marido, sus tres hijos y “ni una moneda”.
“Con
unos poquiticos ahorros y porque Dios nos buscó unos boletos aéreos
económicos logramos salir”, dice. “Hemos estado durmiendo en el piso y
pasando calamidades”.
Su caso es muy similar al de la decena de
familias que buscan en este galpón -con mucha vergüenza- mesas, sillas,
sábanas, enseres de cocina, colchones y juguetes.
Patricia Andrade es la organizadora de esta jornada semanal de donaciones en El Doral, un enclave venezolano en Miami.
“Los
que están llegando son venezolanos de clase media, pero que se
enfrentan a un dólar de mercado negro (que cotiza al doble del tipo de
cambio controlado por el Estado), que está emigrando en situaciones
desesperadas”, dice Andrade, que preside la fundación Venezuela
Awareness.
En Miami y en Panamá -los dos principales
destinos- la migración venezolana evolucionó desde un perfil de
inversionistas y empresarios de los años 1990 y 2000 al de clase media
empobrecida que comenzó a llegar en esta década.
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