Publica "El Confidencial" un artículo de opinión de "Juan Soto Ivars":
Suerte que la campaña se termina el domingo, porque el grado de
suciedad que está generando la actividad política va a hacer necesario
el uso de depuradoras en la vida civil española durante los próximos
tres o cuatro años. Eso, si después de la victoria pírrica de uno de los
partidos y su posible gobierno en coalición, los perdedores no siguen
empeñándose en la crispación y el ataque fácil al que desgraciadamente
nos tiene acostumbrados esto que llamaron nueva política.
Este fin de semana, Ciudadanos
dio el paso definitivo hacia la degradación del discurso con el mayor
acto de transparencia política que se recuerda desde que empezó la
Transición. Tenían un acto programado en Barcelona y decidieron
sustituir los mítines y los discursos por una proyección del partido de la Eurocopa de España contra Turquía.
A
una decisión como esa nunca se le dedicará suficiente atención. Haría
falta que mis queridos Iñaki Ellakuria y Pepe Albert de Paco escribieran
una segunda entrega de su biografía política de Ciudadanos, y ni aun
así podríamos valorar en toda su amplitud una declaración de vulgaridad política tan contundente.
Querían
erigirse como defensores de la españolidad en Barcelona y decidieron
que ninguna declaración solemne tiene la fuerza de un 3-0
En
un momento en que la discusión electoral se ha convertido en un ir de
los cuchillos sobre el venir de las balas, Ciudadanos lanza un órdago populista y lleva al extremo el precepto viejo del pan y el circo.
Querían erigirse como defensores de la españolidad en Barcelona y
decidieron que ninguna declaración solemne tiene la fuerza de un 3-0.
Con Europa al borde del Brexit, con el paro y el déficit galopando sobre las gráficas descendentes de la economía mundial, con unas encuestas
de todo menos halagüeñas para la formación naranja, y sobre todo: con
el gobierno independentista de Cataluña desangrándose después de la implosión de la CUP, Rivera, Arrimadas y Girauta se subieron a las sillas de plástico y gritaron gol.
Parecía una escena de ciencia ficción.
Cuando la política baja de la tribuna a una semana de unas elecciones
generales y cede su sitio al dios intrascendente del fútbol, se hace
realidad la fantasía de Manuel Jabois, que cuando Rajoy compareció vía
plasma, se imaginó que sería bonito cambiar de canal en la sala de
prensa a ver si echaban algún partido.
Os ponemos el enlace al artículo de opinión completo:

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